El efectivo que se derrite
En la superficie, la liquidez es sinónimo de seguridad. Una empresa con caja abundante puede afrontar crisis, pagar nóminas sin sobresaltos y resistir baches en el mercado. Sin embargo, Michael Saylor lleva años repitiendo un diagnóstico incómodo: en un mundo dominado por inflación y deuda, el efectivo no protege, se derrite.
El enemigo silencioso: la inflación
Para entender su tesis hay que mirar el balance de una empresa como si fuera un bloque de hielo. A simple vista sólido, confiable, pero sometido al calor constante de la inflación. Año tras año, el valor real de la caja disminuye. No hace falta un colapso financiero para perder riqueza: basta con dejarla quieta.
Un ejemplo sencillo ilustra la magnitud del problema:
| Escenario | Valor inicial | Inflación acumulada | Valor real final |
|---|---|---|---|
| Caja en dólares (5 años, 5 % anual) | 100 M USD | –22 % | 78 M USD |
| Caja en BTC (5 años, apreciación media 15 %) | 100 M USD | +101 % | 201 M USD |
(Las cifras son ilustrativas, no predictivas. Sirven para mostrar cómo la inflación erosiona mientras un activo apreciativo puede multiplicar valor.)
El dilema del CFO
Para un director financiero tradicional, la caja líquida es un escudo. Para Saylor, es un pasivo disfrazado: cada dólar retenido pierde valor frente a la inflación y a la expansión monetaria.
De ahí surge la pregunta incómoda: ¿proteger la tesorería con liquidez es realmente prudente, o es ignorar un incendio lento?
Buffett vs. Saylor: la tormenta es la liquidez
Este es el punto donde el contraste entre Buffett y Saylor resulta pedagógico.
| Tema | Buffett (visión clásica) | Saylor (visión audaz) |
|---|---|---|
| Función del efectivo | “Liquidez es seguridad. La caja permite resistir tormentas.” | “La tormenta es la caja misma. Cada dólar se derrite con la inflación.” |
| Estrategia de tesorería | Mantener reservas y buscar activos productivos tangibles. | Trasladar la tesorería a un activo escaso y digital como Bitcoin. |
Lo que para Buffett es cordura, para Saylor es resignación. Y lo que para Saylor es audacia, para Buffett es imprudencia.
Reflexión final
El efectivo como “activo que se derrite” no es solo una provocación retórica. Es una invitación a repensar cómo se gestiona la riqueza en un mundo donde los bancos centrales multiplican deuda y los gobiernos dependen de la inflación para financiarse.
¿Debe una empresa resignarse a ver cómo se reduce lentamente su tesorería, o atreverse a migrar hacia un activo más arriesgado pero potencialmente preservador de valor?
Ahí reside el dilema que divide a Buffett y Saylor, y que tarde o temprano alcanzará a muchos directores financieros: decidir si prefieren ver cómo se derrite su hielo, o arriesgarse a cambiarlo por fuego digital.

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